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Y de nuevo, el Manchester City

Para un técnico que ha vivido tanto, que se las ha visto de todos los colores en su trayectoria como entrenador de élite, y que ha tenido que lidiar con varios de los mejores equipos de esta década, enfrentarse al Napoli supone un reto de la misma dificultad o parecida a la de los desafíos anteriores. Guardiola se deshace en elogios con Sarri, y es recíproco. Dicho intercambio de alabanzas está perfectamente justificado después de espectáculos como el de hace dos semanas o la noche de ayer. Fútbol que vale su peso en oro.

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La primera media hora del Napoli

Mientras que el Manchester City sorprendió por alinear de inicio a Gundögan en detrimento de Silva, el Napoli mantuvo su once tipo en vez de cambiar el trío de centrocampistas como ya hiciese en el Ettihad Stadium. La propuesta encajó bien con el tipo de partido durante los primeros compases, especialmente esa presión clásica de los italianos. El intenso trabajo sin balón se tradujo en un embotellamiento del City que dificultaba con creces la salida de la pelota de los mismos, con Fernandinho, De Bruyne y Gundögan sin opción a generar una posesión más prolongada que insuflase algo de oxígeno a la situación.

Mapa de calor del Napoli en los primeros 15 minutos.
Porcentaje de tiempo que pasó el City en campo contrario (izquierda) y propio (derecha) de esos 15 primeros minutos. (Vía Squawka)

Tal dominio se materializó en el 1-0 firmado por Insigne, en una buena jugada colectiva firmada por el italiano y coprotagonizada por Mertens, y se mantendría inamovible hasta cumplidos los 30 minutos iniciales. Es a partir de aquí cuando nace un nuevo partido y las tornas se giran 360 grados. Ghoulam tuvo que ser sustituido por lesión, y su lugar fue ocupado por Christian Maggio. Su incursión fue desencadenante de dos problemas que lastraron al Napoli a lo largo y ancho del partido: por un lado, la anómala presencia de dos laterales derechos en el césped se solventó con el paso de Hysaj, carrilero diestro desde el inicio, al costado contrario, perdiendo un valioso efectivo de cara a dominar las zonas exteriores. Por otro lado, Maggio, lejos de ser una solución al problema, avivó la llama de ese hándicap por el que pasaron los napolitanos debido a su fragilidad frente a un atacante de la talla de Sané, quien al igual que el resto de sus compañeros no había podido entrar en contacto con el balón con más frecuencia anteriormente.

El dominador, dominado

Aprovechado ese bajón anímico a raíz de la lesión de Ghoulam, gracias al empate de Otamendi, el partido cogió color cityzen de una manera tan abrumadora como había sucedido con el Napoli de esos primeros minutos. Fernandinho, De Bruyne, Sterling… el balón circulaba rápido y preciso, llegando al área rival con peligro. Tras el descanso, los italianos encajaron otro duro golpe después de recibir el 1-2 recién iniciada la segunda parte. Tanto Sané como Sterling y De Bruyne metieron el dedo en la yaga cuanto quisieron, aprovechándose de la poca familiaridad de Hysaj con su nuevo puesto y de la baja forma de Maggio. La sensación permanente, era la de que el Napoli no podía abarcar tantos frentes abiertos. El City desprendía olor a peligro por todos sus poros, y si ya de por sí no era suficiente con tratar de minimizar a De Bruyne y a los hombres de banda, se unieron a la fiesta Stones y Otamendi, con mención especial para el primero debido a su buen hacer en la salida del balón y, sobretodo, en las acciones a balón parado, anotando incluso un gol.

Y aunque el Napoli logró volver a entonarse y no bajó los brazos (Jorginho recortó distancias gracias a un penalti), los hombres de Pep no aflojaron el nudo, sabedores del peligro que conlleva levantar el pie del acelerador. Con el broche final a manos de Agüero, murió el partido. Justa recompensa para un equipo que pinta realmente bien y atraviesa un momento de forma sensacional, y poco premio para un animal competitivo que difícilmente podrá saborear las mieles del éxito y avanzar de ronda. Una buena imagen en la fase de grupos, pero con sólo tres puntos en el casillero del Napoli. Dato increíble, pero cierto.

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