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Willian no bastó

Un cara a cara con el Fútbol Club Barcelona, es posiblemente el mayor reto al que podría enfrentarse Antonio Conte en vistas a reafirmar la validez de su propuesta. No podría haber sido un escenario más exigente dada la calidad del oponente, la presión generada por el contexto, o el buen momento de forma de los de Valverde.  Sólo habría faltado sumar a Neymar al cóctel. Pero Neymar no está desde hace meses. Y como suele pasar en este tipo de partidos, su ex equipo le volvió a echar de menos. A él y a sus características.

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Sorprendentemente, Morata no formó parte del equipo inicial del Chelsea, y no fue Giroud quien ocupó su plaza. La alternativa al español fue Hazard, operando desde posiciones de falso 9 y siendo acompañado por Willian y Pedro en los costados. La intención desde un principio fue la esperada. Los blues focalizaron sus esfuerzos en minimizar espacios y en realizar un repliegue exhaustivo, basando el plan ofensivo en el despliegue físico del trío de atacantes. N’Golo Kanté persiguió durante toda la noche a Messi con ayuda de Pedro, Fàbregas y otros compañeros, al tiempo que Azpilicueta mantenía su lucha particular con Suárez. Y el plan fue efectivo.

El Barça se asentó en campo contrario desde bien temprano, intentando ser vertical en su ataque sin demasiada fortuna. Existía más miedo a una posible pérdida que generase un contrataque favorable al Chelsea, que ansiedad por la incapacidad de pisar área y no poder superar el muro de piernas que se encontraba delante. Este factor llevó al Barça a defenderse con la pelota, a encadenar largas posesiones sin que los ingleses se sintieran excesivamente exigidos. Las temidas pérdidas llegaron y Willian avisó en dos ocasiones. En la tercera ocasión que Willian pudo conectar un disparo, los mayores temores culés se materializaron el 1-0.

Conforme el minutero pasó la barrera de la hora de partido, Luis Suárez consiguió integrarse en la dinámica de su equipo, y las cosas se facilitaron mucho para el Barça. El déficit en desborde y explosividad diferencial seguía lastrando, pero poder volver a conectar con el uruguayo trajo consigo un halo de inspiración. No consiguió revertir la situación de juego adversa por completo, pero el Barcelona tenía otro color y transmitía otras sensaciones. Y el Chelsea lo sufrió en sus carnes. Cuando todo parecía encaminado a que culminarían una actuación sobresaliente, el conjunto londinense vendió cara su piel, fallo de entendimiento entre Marcos Alonso y Azpilicueta mediante. Sabor amargo para un partido muy notable de los ingleses en muchas fases. El buen sabor de boca que, hasta el trágico momento decisivo, dejó la táctica escogida por Conte, invita a pensar que en Barcelona el Chelsea seguirá el mismo guión. Por lo que la gran incógnita ahora mismo reside en saber si Valverde será capaz de anular el impacto que generan Willian, Hazard o Pedro en su trabajo sin balón. O al menos, si podrá descifrarlo, y al menos minimizar los daños.

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FOTO: IAN KINGTON/AFP/Getty Images

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