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Un puzzle para Berizzo

La particularidad que encierran las ideas y principios de Sampaoli podía intuirse desde mucho antes de que el argentino llegase a Sevilla. Bastaba con ver cómo jugaba su Selección Chilena, sin ir más lejos. Tras la conlusión de su periplo en Nervión, la influencia del trabajo del actual seleccionador albiceleste se puede palpar en muchos ámbitos. En lo que a la plantilla se refiere, más de un jugador ha quedado marcado por su método de trabajo. Es por ello que la llamada de auxilio de Argentina a Sampaoli ha puesto fin a un proyecto que pintaba realmente bien para el futuro sevillista, dejando en el aire la evolución de determinados componentes del equipo. Todo ese trabajo de adaptación y de aprendizaje se ha esfumado cuatro veces más rápido que lo que costó asimilarlo. Después de ser afectado por alguien tan singular, amoldarse al plan que tiene el toto Berizzo conlleva regresar a la línea de salida, aún habiendo tenido la meta a pocos metros de distancia.

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De los quebraderos de cabeza que haya podido encontrarse el ex entrenador del Celta a la hora de moldear la plantilla a su gusto, quizás el más importante sea la configuración del centro del campo, tanto por el reparto de roles como por la poca fiabilidad que han demostrado hasta el momento las alternativas elegidas para reemplazar a Banega en caso de indisponibilidad de este. Con él en el campo, el Sevilla gana en creatividad y personalidad. Se le puede ver con frecuencia alternando la base de la jugada con el carril del “10”. N’Zonzi fue pieza clave durante la pasada temporada en la distribución de la pelota, y las pinceladas dadas por el recién llegado Pizarro transmiten destellos de calidad. Pero, a pesar de la calidad individual de sus piezas, estas no pueden funcionar como deberían si no se crea antes un contexto favorable para que puedan hacerlo. Con la presumible titularidad de Pizarro, el anteriormente mencionado N’Zonzi se encuentra en un limbo, en el que circula a caballo entre ser un apoyo para la llegada a campo contrario y dar salida a la pelota. Y sin embargo, Pizarro no realiza la misma función durante los 90 minutos, sólo por fases. El intercambio de papeles es constante. Una indefinición que se prolonga al estilo de juego del equipo.

Michael Krohn-Dehli ha sido la opción que ha manejado Berizzo ante la indisponibilidad de Banega, y los primeros resultados no han sido los esperados. Obviamente el danés es un componente valioso para el Sevilla, pero no tiene en su repertorio esa cualidad de poder crear a diferentes alturas. Y el equipo sufre en consecuencia. Corta el ritmo de un equipo que por momentos se sitúa excesivamente ancho y que se colapsa en el carril central. Si se produce tal situación, los salvavidas tienen nombre y apellidos: Sergio Escudero y Jesús Navas. Pero un partido en el que las zonas exteriores sean explotadas y el área sea cargado a base de centros tampoco se antoja como un escenario ideal para un Sevilla comandado en ataque por Ben Yedder, Nolito y Navas. Tres jugadores que no superan el 1’75 de estatura.

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