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Un arma llamada Paulo

Tumbar al Barcelona, en condiciones normales, resulta toda una proeza. Doblegar a Messi es prácticamente un duelo a muerte en el que las opciones de salir con vida no deben ir más allá del 30%, incluso en el momento en el que todas las variables indican que tal hazaña está a un paso de materializarse. Y quien lo ha conseguido ha sido la Juventus, a base de levantar un sistema tan estratégicamente elaborado que puede compararse con un castillo de naipes. Si bien el éxito ha llegado por medio de la compostura y la unidad, y la tensión defensiva ha sido el atributo que facilitó gran parte del trabajo de Allegri en cuartos de final, es la contundencia ofensiva aquello que puede marcar la diferencia de cara a estas semifinales. Y tal responsabilidad pasa, en gran parte, porque Paulo Dybala brille y haga brillar como bien sabe.

El juego alegre y vertical de los cohetes en banda y la juventud irreverente que no se arruga, al mismo tiempo que recuerdan que no vinieron a divertirse. Todo ello tras haber compartido ideas futbolísticas en un pasado con su nuevo rival. La nueva tendencia del Monaco, de edificar su ventaja a través de los hombres de ataque, tiene por contra la cantidad de espacios generados y la falta de un portero acorde con el nivel que se exige a un semifinalista de Champions, lo cual no significa que Subašić no sea un buen portero. Sencillamente el listón que dejan porteros como Oblak o Buffon es altísimo. Junto a ello, en ataque juegan un papel importante Sidibé y Mendy, especialmente el segundo. En caso de pérdida, el posible dos contra uno de Dybala, que suele moverse en el costado derecho con frecuencia, y Cuadrado, contra Mendy, puede causar verdaderos problemas al Monaco, obligando a Glik a multiplicarse para poder llegar a tiempo en las ayudas y al mismo tiempo no perder de vista a Higuaín.

La nueva versión de Dybala como mediapunta en el 4-2-3-1 le permite desplegar su mejor fútbol, al tiempo que activa al resto de piezas

Si hay alguien que, por sus condiciones, puede sacar de sus zonas a los defensas monegascos, ese es el ex del Palermo. No es descabellado pensar que la acción más repetida durante el partido sea aquella en la que, tras precipitación del Monaco con la pelota, la Juve salga en estampida con Dybala como conductor del ataque. En tal caso, si supera la presión de Fabinho y/o Bakayoko, quienes por condiciones físicas pueden realizar un perseguimiento más exhaustivo de lo normal, los bianconeri pisarán las inmediaciones del área rival con mayor número de efectivos al tiempo que un Monaco partido en dos intenta colocarse a la mayor velocidad posible, habiendo adelantado gran parte del trabajo.

Algunos de estos patrones se han dejado ver en enfrentamientos anteriores con rivales que, curiosamente, comparten defectos y virtudes entre sí: el armamento ofensivo y la firmeza en el área propia. En dichos enfrentamientos se han visto las caras con Manchester City y Borussia Dortmund, y en ambos casos, tanto el número de goles recibidos como de goles marcados es elevado. Si se hace hincapié en el cruce de cuartos de final, resultan aún más llamativas las dificultades con las que se encontró el Monaco para alejar a los alemanes de su portería. En un partido en el que fueron muy superiores durante los primeros 45 minutos, bastó dar entrada a Pulisic para que todo se agitarse y el Monaco perdiese el dominio de la situación. Y esta vez las características de la Juventus son totalmente opuestas a las del Borussia Dortmund. Los de Allegri no concederán ni la mitad de espacios y tendrán bastante más poso y experiencia a la hora de competir.

Encontrar la forma de perforar el sistema de la Juventus, y al mismo tiempo medir los riesgos para evitar ser abiertos en canal, son las consignas que persigue Jardim y por la cual pasan sus opciones en la eliminatoria. Observar si consiguen completar el segundo apartado será uno de los momentos de la noche. Con los desajustes mencionados, y el estado de forma de esta Juventus, especialmente el de Paulo Dybala, es inevitable pensar que el argentino puede dinamitarlo todo. Es aquel que tiene el mechero en su mano. Y delante suya, se encuentra una línea de artículos de pirotecnia que puede arder con un par de gestos. Así es él: necesita muy poco para darle mucho a los suyos, especialmente en una noche así. Eso habla de lo bueno que es.

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