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Someterse a Kroos, Casemiro y Benzema

Nueva noche de Champions en el Bernabéu. Nueva eliminatoria de octavos de final en la que campeón y aspirante se tanteaban por primera vez. Tras una semana en la que Europa vio cómo el Barcelona era mutilado por Emery y su pizarra y el Borussia Dortmund se topaba con Éderson de forma inesperada, el Real Madrid entendió que debía afrontar el compromiso con el ademán necesario, sin dejarse sorprender por Sarri y su Napoli, otro equipo que va sobrado de carácter. Se esperaba toda una pelea de gallos, y en parte lo fue, hasta los maquinistas del Madrid quisieron. A partir de entonces el partido tuvo sólo color blanco.

Con las garantías que ofrece un centro del campo compuesto por Kroos, Modric y Casemiro, el Madrid disipó cualquier duda que pudiese dejar el gol de Insigne. Kroos se disfrazó de guía con un gran acierto en la distribución, sobre todo en los cambios de orientación, que oxigenaron al Madrid con balón. Sarri, aunque consciente de la amenaza que esto suponía en un principio a la hora de decidir el equipo, fue valiente y optó por mantener a Zielinski en lugar de elegir a Allan, jugador con quizás más físico. Precísamente Zielinski fue quien funcionó peor, siendo superado por el partido de Kroos y Casemiro. Ambos equipos se decidieron a presionar arriba, en especial al comienzo del partido, dónde se vislumbraba un tipo de partido más igualado de ida y vuelta. Ramos y Varane no marcaron diferencias y Hamsik transmitió peligro cuando el Napoli salió al contragolpe.

Los 5 mejores porcentajes de pases con éxito a lo largo del partido fueron logrados por jugadores del Madrid: Varane (95%), Kroos (93%), Modric, James (92%) y Ramos (91%).

A medida que avanzó el partido los contrataques disminuyeron y el Madrid fue engullendo poco a poco el centro del campo napolitano, el cual tuvo en Diawara a su sostén más fiable, aportando verticalidad en el pase y eligiendo siempre la mejor opción posible, distribuyendo con inteligencia. Pero no sólo ganó el Madrid la batalla en el medio: también fue superior en el área rival. Koulibaly no tuvo su mejor noche, se mostró dubitativo y poco fiable, tanto como con balón como sin él. Un problema defensivo por parte del Napoli que fue imposible de contener debido al gran partido de Benzema. El francés firmó uno de sus mejores partidos con el Real en bastante tiempo, siendo omnipresente en el área y la zona de 3/4. Finalizó la gran mayoría de los ataques que pasaron por sus pies, ya fuese asistiendo o acabando la jugada él mismo.

 

Gráfico que representa el trabajo de Benzema durante el partido: muchos pases a los costados y bastantes disparos a puerta.

 

Tal actuación de Benzema supuso dos noticias magníficas para el Madrid: una de ellas, la exhibición del francés. La otra, la también sobresaliente actuación de Cristiano Ronaldo. Benzema encontró con acierto al portugués, quien contagiado por la actitud de su equipo cuajó un partido muy completo. Se le vio reactivado, más fino que en partidos anteriores. Se movió con soltura a pesar de que delante tenía un duelo reñido con Hysaj, dribló hacia dentro e hizo daño cuando se le presentó la oportunidad.

La conexión entre Benzema y Ronaldo, y la distribución de balón de Kroos decantaron el devenir del encuentro, y puede que de la eliminatoria. Al otro lado queda un Napoli que pese a encajar 3 goles en un partido de ida, piensa seguir mostrando el mismo carácter del que lleva haciendo gala desde que Sarri se hiciera con el cargo. La intención es clara y así lo demuestra la decisión de terminar el partido con cuatro delanteros, acudiendo a un jugador que llevaba cierto tiempo sin hacer vida de futbolista debido a las lesiones, como es Arkadiusz Milik. Los napolitanos echarán el resto en San Paolo con la esperanza de darle la vuelta a la situación, siempre y cuando Kroos, Modric, Casemiro y compañía quieran, claro.

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