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Sin ningún complejo

Deben existir pocas cosas mejores que ver a un equipo compuesto de jugadores talentosos que rondan los 23 años en un partido de Champions League. Una de ellas es que aparezcan dos. Y para mayor alegría, que coincidan dentro del mismo grupo y se vean las caras en la jornada inagural. La competición reina sabe bien cómo cuidar a sus fans. Para darle más mística al asunto, el debutante RB Leipzig pudo estrenarse ante los ojos de sus parroquianos, quienes seguro se fueron satisfechos con la actuación de su equipo en la noche de apertura.

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Con el Monaco predispuesto a adoptar un claro repliegue con la intención de aprovechar el ritmo de partido tan alto y la abrumadora verticalidad alemana, el balón quedaba en mano de los de Hassenhüttl. No perdían el tiempo acaparando la pelota, sus posesiones no comprendían periodos muy prolongados; de hecho era todo lo contrario, un bombardeo constante de balones directos con los dos costados como destino. El peligro lo ponían los hombres de banda, con mención especial a Emil Forsberg. Cuando le apetecía escondía el balón, y cuando se aburría lo enseñaba, todo a ello a una velocidad altísima partiendo desde la izquierda y cayendo al centro. El Monaco no se sentía cómodo con un ritmo de juego tan sumamente alto, la alineación no casaba con el contexto del partido y hombres como Joao Moutinho o Kamil Glik eran superados en lo físico. Resultaba llamativo que un espigado delantero de 1’93 le ganase las carreras al central polaco, pero ese buen punto de los Poulsen, Werner o Forsberg llegaba al momento como un bombero a un incendio, aunque ciertamente estos estuviesen más cerca de provocar uno. La secuencia de los dos goles fue prácticamente instantánea y la tremenda definición del “10” del Leipzig fue eclipsada por el oportunismo de Tielemans.

La labor de Poulsen fue muy valiosa para los intereses del equipo. Lo hizo prácticamente todo bien.

Ya fuese saliendo rápido al contrataque, buscando a algún compañero con balones en profundidad o intentando acabar las jugadas él mismo, el partido que labró el danés tuvo absolutamente de todo, y su equipo lo agradeció con total gratitud. Todo marchó bien para los intereses del Leipzig, hasta que comenzó a resentirse de la sustitución de Forsberg. Con media hora por delante, Kampl se ubicó en la banda para no romper el Demme – Ilsanker alineado desde el inicio en el mediocentro. Jardim hizo lo propio y movió ficha: Keita Baldé se fue a la izquierda y quedó emparejado con Klostermann. El Monaco consiguió esa dosis extra de oxígeno que anteriormente representaba Poulsen para su equipo y la sensación de peligro llegó al área alemana, aunque esos minutos de incertidumbre final no empañan la valiente puesta germana. No hay miedo si Forsberg está al frente, o al menos no deberían existir motivos para ello, porque el alemán no está entre el grupo de aquellos que temen, sino en la otra mitad. En la mitad de los temidos por el resto.

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