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Sin margen para la duda

El Atlético puso toda su entrega ante la difícil tarea que suponía remontar un 3-0 adverso. La fortuna hizo acto de presencia y en 15 minutos llegaron dos goles, uno de ellos de penalti. Un escenario con el que cualquier local hubiese soñado en horas previas al partido. Pero tan pronto como el juego se ralentizó, el Madrid cortó el cable rojo y desactivó esa bomba que Simeone preparó. Y el encargado de cortar dicho cable no fue otro que Isco Román Alarcón.

La propuesta del Atlético de Madrid se basó en generar su fútbol en relación a la cantidad, sin descuidar la calidad del mismo. A las consignas ya conocidas de robar arriba o perforar por banda, se sumaron un ritmo frenético y el acercamiento de cada uno de sus hombres al área rival. En prácticamente 15 minutos, sin una muestra lo suficientemente grande como para evaluar el nivel de juego de ambos y saber cuánto mérito le correspondía al Atlético, y cuánto de aquello era demérito del Madrid, la igualada se puso a un gol de distancia. Saúl dejó una nueva foto en una gran noche. Y los mencionados goles se enlazaron con buenos minutos de Carrasco y con una intervención de Oblak descomunal, de esas que tanto acostumbra a firmar. Pero conforme transcurrió el partido entró en juego un factor que condicionó absolutamente todo: la respuesta del Real Madrid ante tal inicio. Dentro de la lógica, cabía esperar que los blancos dudaran. Pero el Atleti tuvo delante un equipo que no cambió de planes ni aún con tal comienzo. Y una vez más, a Zidane le funcionó. Isco se escondió el balón, y aunque la defensa atlética en los dos costados fue satisfactoria, el malagueño hizo y deshizo a su antojo.

La mejor baza del Madrid no fue su fútbol, sino su fuerza mental

Ante el repliegue rival y la necesidad que los rojiblancos tuvieron de dosificar esfuerzos, el Madrid cogió peso en el dominio del balón. No sólo fue destacable el partido de Isco: a un estelar Benzema, que firmó la mejor jugada de esta edición de Champions League hasta la fecha, se le unió su mejor director de orquesta. Luka Modric fue la bombona de oxígeno que dio aire en los momentos clave. Recuperó el nivel que sabe dar en su mejor versión, esta vez caído al perfil diestro. Era habitual que, entre dos y tres jugadores del Atlético, saliesen al paso del jugador blanco que, en un momento cualquiera, tenía el balón en su poder. Y tanto el ex del Málaga como el genio croata sortearon tales obstáculos. Tras el gol, Isco continuó con su particular empresa. Llevó acabo su partido, el que ha cuajado tantas veces a lo largo de la temporada, sin poder descifrar desde qué posición actúa. No se le puede encasillar en la mediapunta, ni mucho menos imaginar que hace todo partiendo de la banda por haber ocupado el hueco que ha dejado libre Gareth Bale. Y ayer, una vez más, fue decisivo.

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