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¿Quién tiene el as en la manga?

Se sabe de memoria cómo juega el Real Madrid. La cantidad de virtudes tan grande que poseen los de Zidane: el fantástico Isco, Cristiano en su competición fetiche, Sergio Ramos y el balón parado… Todas estas fortalezas están presentes en el arsenal blanco desde hace temporadas. Pero ha sido en la campaña que hoy acaba, cuando el técnico francés ha instaurado el factor más positivo de todos los que componen el buen momento de forma de este Madrid campeón: el sistema de rotaciones y el gran rendimiento de los teóricos suplentes.

Siguiendo una línea continuista con el artículo dedicado a Isco Alarcón y los posibles escenarios que pueden darse si el malagueño juega como titular, se puede comenzar recitando esta lista de revulsivos que ha marcado la temporada madridista nombrándole a él. Porque, si hay algún jugador que personifica ese gran nivel ofrecido por los jugadores de banquillo a lo largo de este año, ese es Isco. Tras comenzar a la sombra de Bale o James, y con ciertas dudas acerca de su continuidad en el club, mediada la temporada el ex del Málaga irrumpió en los onces de manera increíble. Actuaciones como las cuajadas en Riazor o El Molinón llevaron a Zidane a tomar la decisión de darle las riendas de su sistema ofensivo, renunciando a usar extremos, al menos en su propuesta inicial. Si bien es cierto que, en ocasiones concretas, Isco pudo comenzar en la zona de Bale ciertos partidos pero actuando con total libertad, ahora mismo puede distinguirse con claridad al Isco mediapunta que parte desde posiciones centrales.

Otro nombre importante a la hora de resaltar el banquillo madridista, es el de Marco Asensio. Hubo un momento en la temporada blanca en el que no existía el Isco que vemos a día de hoy. No el tipo de jugador como tal, sino el simbolismo de su figura y todo lo que supone su auge ante la indisponibilidad de Bale. Y el Madrid sufría por ello, especialmente en las transiciones ofensivas. El déficit de agilidad a la hora de contragolpear fue compensado con una verticalidad y una electricidad del balear que dejaron boquiabiertos a más de uno.

El Madrid en ataque cuenta con un jugador num. 13, 14, 15 o incluso 16. La Juventus, en cambio, no puede decir lo mismo

Si le preguntasen a día de hoy a Massimiliano Allegri sobre el contratiempo que más quebraderos de cabeza le ha dado, es muy seguro que su respuesta sería la lesión de Marko Pjaca. Al no poder contar con las condiciones del croata, la Juve pierde al jugador más apto de su plantilla para adoptar el rol de extremo izquierdo que desborde y encare, esperando producir en forma de regate o centro al área. Mandzukic aporta equilibrio táctico, además del valor añadido de su juego aéreo y su predilección por la fricción y el choque. Pero no tiene las características que se le exigen en un principio a alguien que actúa en su zona. Si la Juve ataca posicionalmente, todo pasaría por Dybala o Dani Alves, quienes serían los únicos capaces de aportar desequilibrio. El resto de la ofensiva, Higuaín y Mandzukic,  sumarían de otra manera, finalizando lo que sus compañeros les fabriquen.

Posiblemente con sólo Dybala y Dani Alves no baste. Casemiro será la sombra del argentino, y el ex culé no podrá descuidar el resto de sus labores sólo para sumar en la banda. Queda una única baza de este modo: la del eléctrico Cuadrado, esperando su turno para dinamitar el partido. Levantando la vista más allá del asiento que ocupa el colombiano, el resto de alternativas que quedan son Lichsteiner, Asamoah, Rincón, Benatia o Marchisio; es decir, defensores o centrocampistas llamados a sujetar al equipo, no a aportar en las inmediaciones del área rival.

Poniendo ambos casos sobre la balanza, esta se inclina con claridad hacia el lado del Real Madrid. Ambos equipos tienen las mismas opciones de hacerse con el trofeo, y sus virtudes y defectos se contraponen maravillosamente bien, lo que hace todo más atractivo si cabe. Pero en un partido que puede extenderse hasta los 120 minutos, el uso de las energías de reserva puede condicionar el desenlace por completo. Y ambos equipos lo saben.

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