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Morir de pie

El partido de vuelta confirmó las sensaciones vividas en la ida. Dos personalidades dispares con ambiciones opuestas que, en un momento de su trayectoria deportiva, compartieron en cierto modo aspectos futbolísticos más allá de lo táctico. Especialmente el cómo enfrentarse a la corriente que te arrastra a una dirección contraria, a esa adversidad que no consigue superar cualquiera. El Atlético de Madrid confirmó su presencia entre los cuatro mejores equipos de la competición por tercera vez en los últimos cuatro años y el Leicester se despidió de ella después de varios meses con continuos altibajos. Pero con una ilusión que ha permanecido intacta hasta el último instante.

Fue un partido lleno de momentos, muy diferente en las distintas fases del encuentro y marcado por situaciones un tanto anecdóticas. El guión principal fue lo opuesto a lo visto en el Calderón. El Leicester se encargó de llevar la iniciativa, pero defendiendo bastante retrasado y siempre en bloque como es habitual. Okazaki fue quien más se movió entre líneas durante este periodo, buscando conectar con los jugadores de banda. El foco principal fue la banda izquierda. A pesar de que Fuchs estuvo más pendiente de guardar su sitio, teniendo sólo presencia real en ataque cuando se trataba de un saque de banda con dirección al punto de penalti, Albrighton puso a prueba a Juanfran un buen número de ocasiones. Drinkwater se encargó de darle apoyos y de intentar crear superioridad numérica en ese costado, pero el Leicester pecaba de imprecisión y el Atlético lo aprovechaba.

El gol del Atlético llegó curiosamente en el tramo donde más cómodo se encontraba el Leicester, al igual que en la ida

Tras el gol de Saúl, en una de esas noches “lampardianas” que acostumbra a marcarse cuanto más imponente parece el escenario, el Atlético se limitó a esperar con oficio y dejar que Giménez, omnipresente, se dedicase a barrer todo lo que pasase por su zona. Pero el descanso trastocó significativamente los planes rojiblancos, desatándose la locura. El partido se contagió por completo del aroma de la Premier League. Chilwell y Ulloa reemplazaron a Benalouane y Okazaki, respectivamente. La diferencia física entre los revulsivos del Leicester y Savic/Juanfran se hizo evidente y metió de nuevo al Leicester en el partido. Especialmente Chilwell consiguió superar a su par con éxito con una facilidad pasmosa. Vardy puso el empate y el Leicester se jugó a una última carta sus posibilidades de remontada, pero tales posibilidades fueron apagándose a partir de que Simeone reordenara la posición de sus centrocampistas. Jugaron con el reloj y minaron las esperanzas de los ingleses aunque estos no dejasen de intentarlo hasta que sonó el silbato.

Fue así como terminó, con un equipo que supo gestionar la situación gracias a la experiencia adquirida con el paso de los años, y con otro que se despidió junto con su gente de la Champions League. Pero con la satisfacción de haberse entregado en cuerpo y alma a la causa. Dieron lo que tuvieron de sí, y aunque se tratasen de dos sensaciones totalmente diferentes, ambos mirarán esta fecha en el calendario y esbozarán una sonrisa. Los dos saben que escribieron un nuevo capítulo tanto en su historia como en la de esta competición.

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