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La noche de Antonio Conte

El Chelsea consiguió completar con éxito una misión de la que pocos consiguen salir airosos, que no es otra que la de superar al Atlético de Madrid en su feudo. Y para dar un valor mayor al logro, se puede afirmar que esa victoria significó mucho más que la recompensa numérica correspondiente a cada partido. Conte consiguió hacer sentir inferior al Atlético sin dejar opción a una recuperación repentina, explotando esos defectos que tan agudamente supo detectar.

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Con un inicio medianamente parejo, pudo verse la versión más positiva de la noche por parte de los rojiblancos, pero desde bien temprano el Chelsea se sentía más cómodo, desenvolviéndose con mucho más acierto y peligro que su par. La dupla Kanté – Bakayoko encontró en Cesc Fàbregas a su socio perfecto y entre ambos maniataron a Saúl y Thomas, animando a Hazard a desatar su mejor versión. El belga captó el mensaje y convirtió su fútbol en pura electricidad; no encontró rival en Juanfran, superado en gran parte de los ámbitos defensivos. Cada acción que incluía al belga era sintomática de la fragilidad defensiva rojiblanca. Todo ello al tiempo que Morata se buscaba la vida para, de algún modo u otro, aparecer en el área en el momento justo y conectar ese remate. Quizá por esta superioridad palpable desde temprano sorprendió que el primer gol cayese hacia el bando atlético.

El marcador varió, pero la mentalidad del Chelsea se mantuvo firme. Con el Atlético no sucedió lo mismo.

A partir de entonces, y con el empate marcado por Morata como momento clave, el partido exigió al Atlético una respuesta, una marcha más que ni supo ni podía dar. La posición de Koke, recostado en el perfil derecho para poder dar cabida en el equipo titular a Yannick Carrasco, rompió la unión habitual del vallecano con Filipe. Y no poder dar una oportunidad a esa sociedad, que desde sus comienzos ha sido un importante sustento de juego para el Atlético de Madrid supone retroceder dos pasos, metafóricamente hablando. Así que el Chelsea recogió el guante y aceptó de buen grado ese paso atrás, dando en consonancia un paso hacia delante. Lo anímico devoró el contexto del partido conforme llegaba el desenlace del mismo, y mientras el Atlético se quedó sin alternativas tras modificar ciertos aspectos de su plan con la entrada de Torres y de Gaitán, los ingleses controlaron los tiempos de manera brillante para, cuando el reloj agonizaba, enlazar de maravilla la jugada de estrategia que sellase el triunfo blue.

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