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El equilibrio es posible

La fortuna no ha sonreído a los equipos ingleses cuando estos han viajado por Europa a lo largo de los últimos años, es un hecho. En los últimos cinco años, Inglaterra sólo ha conseguido enviar representantes a los cuartos de final en cuatro ocasiones, quedando en este apartado por detrás de otros principales núcleos del fútbol europeo como Francia, Alemania o España. Si bien la carga de partidos en el calendario de los clubes de la Premier ha condicionado notablemente sus actuaciones, también lo ha hecho con el efecto contrario a partir de las tempranas eliminaciones.

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Habiendo dibujado un poco el contexto que recibirá al Tottenham en esta nueva edición de la Champions, toca plantear varias cuestiones de cara a hablar de su posible desempeño durante estos meses en un grupo nada sencillo, y con un estreno atractivo para el espectador con ese partido contra el Borussia Dortmund. Si bien los alemanes se encuentran inmersos en el inicio de un nuevo proyecto, asentando aún las bases de lo que serán los próximos años con Peter Bosz al mando, el Tottenham es la otra cara de la moneda, totalmente convertido en lo que el BVB aspira a ser. La propuesta de Pochettino transmite tranquilidad y equilibrio. Y es que con el paso de las temporadas se ha forjado una estabilidad clave sin la cual el proyecto del argentino no podría entenderse. Toda esta calma puede palparse tanto en el discurso del entrenador como en la disposición de los jugadores sobre el césped, funcionando con la misma precisión que un metrónomo al marcar el pulso.

Reemplazar a Kyle Walker con Serge Aurier nunca tuvo tanto sentido como en esta ocasión, sin perder la profundidad y el físico que tanto peso tienen en el juego, en este Tottenham de los carrileros y el juego interior. Rose y Aurier tienen la tarea de ensanchar el campo para que el resto de piezas puedan conectarse y el sistema no colapse. Un poco más adelante se encuentran Eriksen y Dembélé, con unos roles bastante interesantes: el belga ha evolucionado a lo largo de las temporadas hasta ofrecer una versión conectora ejerciendo como elemento de unión entre el resto de componentes del equipo, con Wanyama como protector encargado de destruir para que otros compañeros puedan construir. En cambio, Eriksen está fuertemente vinculado con el último pase, con comandar los contrataques de su equipo y poner orden en las transiciones ofensivas, cuando su equipo necesite un guía de cara a portería. Una vez completada la tarea, Kane y Alli ponen la firma. Asignaciones coherentes a un grupo de futbolistas que pese a detentar demarcaciones diferentes unos de otros, poseen un común denominador como es el buen nivel físico, que en clave Champions marca diferencias tanto para ganar duelos como para ejercer la presión.

Cualquier rasgo que pueda destacarse de este Tottenham casa muy bien con el anterior. De entre todos ellos, el más importante no es la pólvora que tiene Kane en sus botas o lo bien que funciona esa defensa de tres centrales: lo que caracteriza la idea de Pochettino es que su equipo puede adoptar diferentes posturas sin perder su identidad, estando totalmente definido pese al amplio abanico de opciones. Siempre es necesario tener un plan B, y hasta un plan C, pero a la hora de competir en Europa, el ser versátil, amoldándote a los defectos y virtudes de rival o al escenario que vayas a encontrarte cobra aún más sentido.

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