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Demasiado Sadio Mané

Sonó el himno de la Champions por última vez el pasado 3 de junio, con Madrid y Juventus cerrando la edición. Y tras un largo parón, a la competición reina también le toca volver a la rutina, con los encuentros de fase previa como teloneros de lo que vendrá en septiembre, que no es poco. Un Hoffenheim – Liverpool resulta ser el aperitivo perfecto para ir abriendo boca hasta entonces. Así lo confirmaron las sensaciones vividas ayer, en un partido que presentó al gran público a dos de los equipos con el fútbol más dinámico y entretenido posible. Pocos guiones mejores que uno que incluya a Jürgen Klopp visitando al equipo dirigido por el reflejo de su “yo” más joven, el treintañero Julian Nagelsmann.

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Desde un comienzo muy temprano, el Hoffenheim se hizo dominador del balón y del espacio, jugando el tipo de partido que más les convino. Predominaron las posesiones largas y se jugó a un ritmo alto, con Vogt como principal foco de la salida de la pelota alemana. No pudo evitarlo la alta presión del Liverpool, pues a pesar de la rapidez de la ejecución de la misma no acababa de ser un impedimento para que el balón llegase al centro del campo. La circulación era limpia e inteligente, no se mareaba la pelota o se perdía el tiempo eligiendo qué camino seguir. También sin balón el Hoffenheim completó un gran trabajo. La sala de máquinas del Liverpool estuvo inoperativa a excepción de Can. No fue la intención de Klopp que su equipo tuviese la pelota durante fases prolongadas de juego, y aún así, en numerosas ocasiones durante la primera mitad, uno o dos jugadores se encontraban colocados a conciencia para no permitir darse la vuelta a Jordan Henderson. Una vez completado ese primer paso, el Hoffenheim se plantaba en zona de 3/4. Las ocasiones fluían ayudadas por una defensa endeble. Tanto Matip como Lovren fueron superados, aunque no perjudicasen a su equipo tanto como Alberto Moreno.

Como viene siendo costumbre desde hace algún tiempo, el Liverpool compensó las carencias en defensa con el talento de sus atacantes

El pánico hacía acto de presencia cuando era el Hoffenheim quien atacaba. Del mismo modo tenía lugar la situación opuesta si eran los ingleses quienes pisaban área rival. Sadio Mané, totalmente desatado, hizo todo lo que le gusta y sabe hacer. Encaró, quebró, busco portería, buscó a sus compañeros… Puso totalmente en jaque el sector diestro del Hoffenheim. El gol de Alexander – Arnold llamó a las modificaciones, y al poco del comienzo de la segunda parte, el dibujo mutó en un 3-5-2, en detrimento del 3-4-2-1 inicial. La entrada del joven Amiri dio pie a una nueva posición de Kerem Demirbay, como centrocampista más próximo a la defensa. Tal decisión fue contraproducente en cierto sentido. No por el hecho de incluir en el esquema a Amiri, sino por elegir a un jugador de las condiciones de Demirbay para cumplir la tarea que Rudy realizaba en antaño. El turcó se alejó de la portería enemiga, y en consonancia, también lo hizo su equipo.

Milner, en una internada por la banda derecha, sacó petróleo y un gol valioso para los intereses del Liverpool de cara a la eliminatoria. Como respuesta, y como última bala, minutos antes Nagelsmann incluyó a Mark Uth en lugar de Serge Gnabry. Su entrada fue positiva, dando al Hoffenheim lo que le había faltado en la primera mitad: más presencia en el área. La presencia del 19 sirvió para reunir más efectivos arriba y multiplicar las opciones de remate o ganar duelos aéreos. Precisamente Uth firmó el último gol de un partido que tuvo absolutamente de todo, con sensaciones de peligro alternas según la ocasión. De nuevo, a Klopp le bastó con Mané para conquistar suelo germano. Una vez ha avanzado el entrenador red, le toca a Nagelsmann mover ficha.

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