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Autoconfianza: una billete de ida para ir a Cardiff

Si hay algo que caracteriza a la Champions League, es que se trata de una competición con un contexto bastante particular. La disputan los mejores equipos y los jugadores más destacados, pero no todos brillan de la misma manera. Hay algunos que ni siquiera llegan a aparecer. Otros, como Dani Alves, han crecido futbolísticamente bajo los focos de este torneo. El brasileño ha saboreado las mieles del éxito durante incontables ocasiones, pero también ha formado parte de la otra cara de la moneda en algún momento de su carrera. Y dicha característica, que también comparten varios de sus compañeros, se materializa en victorias y Copas de Europa. Tanto él como Khedira o Mandzukic tienen el verbo “ganar” grabado en su ADN.

El escenario del partido en líneas monegascas estuvo condicionado, la semana pasada, por la baja de Benjamin Mendy y la titularidad de Dirar, jugador menos resolutivo en tareas defensivas. El contexto presente ayer exigía tomar aún más riesgos por parte de Jardim, y el Monaco optó por salir en un 3-4-1-2 en el que Lemar fue el principal sacrificado, con Raggi de central diestro, Sidibe y Mendy de carrileros y Bernardo Silva en el centro por detrás de Mbappé y Falcao. Dicha novedad en el once desconcertó a la Juve en los primeros instantes y Silva agitó el carril central, permitiendo a Mbappé mostrarse y tener alguna que otra ocasión. Sin embargo, a partir del primer cuarto de hora se repitió la situación vivida en la ida. Los espacios se cerraron y Bonucci – Chiellini brillaron individualmente de nuevo. Después de este comienzo, Dybala cogió el testigo y el Monaco, en consecuencia, se apagó por completo.

Dani Alves se vistió de sustituto de Cuadrado, teórico mediocentro y lateral, conforme la situación lo demandaba

Su gol fue un broche a la exhibición dada, y su partido fue un reflejo de todo lo que la Juve transmite cuando juega. Aunque la idea del Monaco para intentar cambiar el resultado tuvo sentido, cada fase ofensiva hacía aguas en el momento en el que Bakayoko intervenía. El excesivo fallo en el pase supuso una gran cantidad de balones recuperados por la parte italiana, con el detalle de que el jugador que puede contribuir más por parte de la Juve en dicho aspecto se marchó sustituido por lesión a los 10 minutos de partido. La fragilidad se palpó en todo momento y uno de los dos pilares que debían sostener al Monaco desapareció. El otro pilar restante tuvo que soportar demasiado peso, y con ello también terminó por caer. La mejor baza con la que Jardim podía presentarse, su ofensiva, acabó por ser anulada, y la Juve cerró con ello la eliminatoria. La actitud fue tan jerárquica y autoritaria como otras veces y, gracias a la confianza que les caracteriza, pudo permitirse el lujo de ser desbordada en ciertos momentos. Cualquier fuego que los franceses prendiesen fue apagado a base de individualidades.

No hizo falta que Allegri corrigiese en exceso o que gritase más de la cuenta; el poso y la confianza decidieron a favor tanto los duelos individuales, como aquellas situaciones que exigían al colectivo. Y a día de hoy, la determinación con la que hace todo la Juventus es su mejor mano para salir campeón, por encima de cómo defiendan o cómo estén Dybala o Bonucci.

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