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Alisson dice no

Hemos perdido la cuenta del número de veces en las que Saúl ha roto la igualdad en algún partido. Especialista en crear ventajas con predilección por las ocasiones especiales, llegando más motivado según el tamaño de la adversidad. Esta vez, siendo la excepción llamada a confirmar la regla, el ilicitano no anotó pese a tener más de una oportunidad de lograrlo. Vietto o Correa tampoco. Se cumplió todo lo necesario para poder tildar el Roma – Atlético como uno de esos partidos en los que, sencillamente, la respuesta es no. Ni siquiera Saúl es capaz de romper esta ley universal no escrita.

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Gabi regresando al once acompañado de su pupilo, Thomas Partey, con Koke y Saúl en las alas. Novedades en un equipo que llegaba tras mostrar indicios de acercar al “8” al centro del campo durante las primeras semanas, en pos de sumar un plus físico y aéreo a un sistema defensivo que ha perdido fuelle en este apartado con el transcurso de las temporadas. Su actuación partiendo desde la derecha fue de categoría una vez más, haciendo prácticamente de todo: peleó por cada balón, hizo daño permanente al sector a cargo de Kolarov, y atacó el área con el peligro de cualquier típico delantero referencia. El Atleti también pudo contar con su motor de juego a pleno funcionamiento, esa sociedad compuesta de Koke y Filipe Luis que tanto beneficio aporta cuando el primero se acerca a posiciones de interior. Una situación made in Atlético tanto por pros como por contras. Un partido más en el que el rival fue encimado, y una vez más en la que no pudo materializarse dicha superioridad. Aunque cierta culpa de ello tuvo Alisson.

Hasta en nueve ocasiones tuvo que intervenir Alisson. En todas ellas se desenvolvió con éxito.

La Roma tuvo el sector central a su disposición sin poder sacarle mucho partido debido a la adelantada posición de la línea defensiva atlética. Gabi y Thomas taponaron bien la zona, y en respuesta Defrel retrasó su posición, partiendo en ataque casi desde la misma altura que el trío de centrocampistas. No habia apenas huecos, el gran partido del Atlético a nivel posicional impedía cualquier avanzamiento por el carril central además de asegurar la recuperación de la pelota en un gran porcentaje de las segundas jugadas. Los brotes verdes surgían de las botas de Perotti, de lo más destacable de los jugadores de campo romanistas. Un día de inspiración del argentino basado en explotar las debilidades de un Juanfran que no cerraba tras las subidas o que tampoco se desempeñaba con la solvencia esperada, un estado de gracia que por momentos resultó efectiva, pero no suficiente como refleja el bajo registro de disparos totales entre los tres palos: nada más que uno. La desemejanza se hizo clara y evidente a los ojos de cada uno, pero no material; un fenómeno clásico denominado por los más resignados en el mundo del fútbol como “lo que nos ha pasado hoy es que la pelota no ha querido entrar”.

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