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Al borde del KO en el primer asalto

Jugar en agosto como si jugases en noviembre. El sueño de cualquier entrenador de élite. La pretemporada se hace pesada, resulta un incordio enlazar una serie de amistosos con algo tan importante como una previa de Champions. Pero hay excepciones en las que uno o varios futbolistas tienen tanto talento que dan la impresión de que nunca se fueron, que para ellos no han habido vacaciones. En ese caso la forma física o el rodaje queda en un segundo plano. Para el Napoli, han pasado meses desde que tuvo lugar su último partido oficial de la temporada, y sin embargo, la impresión que da es que este fuese hace una semana como mucho. Enfrente esperaba el Nice de Seri, que viajó sin Balotelli, Cyprien o un mito de la competición como Wesley Sneijder. El premio para los franceses era (y es) mayúsculo. Directamente proporcional a la dificultad del enfrentamiento. Pero lejos de ponerlo difícil, fueron sobrepasados por los atacantes napolitanos, quienes hicieron y deshicieron a su antojo. Un auténtico rodillo.

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La primera parte tuvo de todo, con momentos de peligro para ambos equipos, aunque fue el Napoli quien protagonizó las ocasiones más elaboradas y con más peligro. No había momento en el que uno de los costados no fuera exigido: Callejón constantemente puso a prueba a Sarr, e Insigne hizo lo propio con Souquet y Jallet. Tanto dominio tuvo su origen en lo sucedido en el área contraria. Seri fue el encargado de sacar la pelota y organizar, en cierta manera, el juego de su equipo. Nunca estuvo cerca de conseguirlo, tocó bastante poco balón y el Nice no tuvo oportunidad de disputar el balón a lo largo de los 90 minutos. El foco principal del ataque francés fue Allan Saint – Maximin, normalmente en acciones de contragolpe o pérdidas. Y más allá de aquello, quedaba la nada absoluta. La sala de máquinas permaneció inoperante de principio a fin. Sarri dibujó un triángulo alrededor de Seri que minimizaba el impacto de este mismo, conformado por Mertens atacando su espalda, y Allan y Hamsik tapando opciones de pase por delante. No hubo conexión con Koziello o Less – Melou, ubicados en posiciones interiores. Tanta superioridad tardó poco en desequilibrar la balanza.

Allan Saint – Maximin se echó a los suyos a la espalda con mucha personalidad; fue la única amenaza real de su equipo

Se retomó el mismo guión de la primera parte tras el descanso. Una y otra vez el Napoli cargaba desde la izquierda, creando peligro 9 de cada 10 veces. Cardinale tampoco hacía mucho para que los suyos se sintiesen más seguros. No fue su mejor partido; no estuvo acertado por alto, con el añadido de su corta estatura para un puesto tan importante como es el de portero. Sólo sus reflejos impidieron que el Napoli viese portería. Fue tal la insistencia y creatividad de los italianos que al final el saco acabó rompiéndose. Un gesto de calidad de Insigne devolviendo el balón desencadenó un penalti sobre Mertens, y el 2-0 acabó llegando para quedarse, obra de Jorginho. El marcador reflejó merecidamente, en cierta medida, el ganador del partido. Quizás un poco corto visto lo visto, lo cual es la única noticia “positiva” que pueda llevarse el Nice de Italia. Porque al margen del resultado y su valor, la sensación de superioridad fue pasmosa, especialmente en facetas ofensivas. El Nice deberá sudar de lo lindo para poder contener semejante vendaval en la vuelta.

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